Decorar con pergolas de madera

Como elegir una pergola de madera
Las pergolas de madera son ideales

Hasta los veintiún años viví en un bloque de viviendas en el centro de la ciudad y creo que por eso, cuando me mudé a un chalet en el campo, disfruté tantísimo de la diferencia, que además para mí, se tradujo en una inmensa mejora en calidad de vida.

Respirar aire puro, dormir en el silencio que sólo los grillos a veces interrumpen, vivir a diario bajo el sol radiante de los cielos de mi tierra, oír el canto de los pájaros cada mañana… Los tesoros de la naturaleza no tienen precio, y con frecuencia, vivimos de espaldas a ellos, sin ser conscientes de todo lo que nos estamos perdiendo.

Yo me di cuenta de esto incluso el primer día que me mudé a las afueras de la ciudad.

Desde entonces, no he querido ni pensar en cambiar de nuevo y volver al centro. Ya no sabría vivir en otra parte. Me faltaría el aire.

También es cierto, todo hay que decirlo, que vivir en el campo presenta algunos inconvenientes y desventajas en relación con la vida en la ciudad: el coche es imprescindible para desplazarse; el clima es más duro; hay más insectos; más riesgo de robos (o al menos, más facilidad); etc…

No obstante, son inconvenientes que tienen –en mayor o menor medida- una razonablemente buena solución.

Una de las cosas que, aunque parezca tonta, nos supuso algunos quebraderos de cabeza a mi familia y a mí, fue cómo decorar el exterior de la vivienda, para que el entorno de la piscina y barbacoa resultaran un lugar cómodo.

Tenemos tres hijos pequeños y con nuestro magnífico clima, sabíamos de sobra desde el principio, que buena parte de nuestras vidas y las suyas, iba a transcurrir en el exterior de la casa, en los jardines.

En los meses de menos rigor climatológico, no había ningún problema, pero los veranos y los inviernos a veces son duros aquí.

Al principio, como buenos novatos, para el verano compramos una de esas pérgolas de loneta que mucha gente se lleva a la playa, con objeto de tener una zona fresca donde comer y disfrutar en verano. Pero el caso es que no duró ni dos meses, porque el sol implacable y los días de viento, la arruinaron con sorprendente facilidad.

Fuimos a comprar otra de mejor calidad, y la fijamos al suelo con grandes macetones de cemento, pensando que el problema estaría solucionado. Pero tampoco fue buena idea, porque una noche, el fuerte viento de levante, levantó la pérgola por los aires –pese a los macetones- y la hizo volar por el campo varios kilómetros más allá de nuestra propiedad.

Yo le dije a mi marido que quería desistir de intentarlo de nuevo y que habría que sacrificar esos bonitos espacios al aire libre y hacer menos barbacoas durante el verano.

Pero él dijo que ni hablar, porque no tenía intención de renunciar a algo tan bueno, así que empezó a investigar y a buscar soluciones.

Después de visitar a muchos profesionales de la decoración y estudiar las distintas propuestas, se decidió por las pergolas de madera, y reconozco que fue la mejor decisión.

Esta vez ni el viento, ni el sol ni la lluvia afectaron a la pérgola, y después de muchos años, luce tan bonita como el primer día. Y por si fuera poco, se puede hacer a tu gusto al 100%.

Ahora siempre podemos disfrutar de la piscina, el jardín y la barbacoa, sea invierno o verano, en un entorno bonito y  muy cómodo.

Os lo recomiendo a todos: elegidlas desde el principio, porque os ahorraréis dinero, quebraderos de cabeza y disgustos.

Las lámparas como objeto decorativo

Un flexo sirve como objeto decorativo
Decorar con una lámpara

Desde pequeña, a mi madre siempre le ha fascinado el tema de la decoración y los muebles.

En cambio, yo no le acabo de ver la gracia.

Sin duda, los muebles y ciertos objetos decorativos son útiles y muy necesarios, y en el día a día, reconozco que hago continuo uso de ellos.

Pero el caso es que al final es ella quien se encarga de comprarme cosas como mesas, lámparas o percheros, porque a mí me cuesta elegir y no entiendo de estos temas.

El último piso que alquilé, se puede decir que tenía una decoración minimalista.

Tan minimalista, que ni siquiera contaba con una mesa de salón para poder tomarte un café o una copa cómodamente, viendo la televisión.

Tan pronto como mi madre lo visitó, sentenció que  yo necesitaba urgentemente una mesita.

Y yo le dije que me parecía bien. El problema fue que ella no entendió mi concepto de “mesita”.

Mesita es una mesa de pequeñas dimensiones, ligera y fácilmente transportable. Al menos, en mi opinión.

En cambio, mi madre cree que una mesita de salón es una mesa de cristal con patas metálicas que pesa toneladas. Así que un buen día -con toda su buena intención- me regaló una de esas características.

Muy bonita, lo reconozco, pero perdió todo su encanto, cuando hace unos días, me tuve que mudar a un nuevo piso y llegó el momento de trasladar la mesa…

Yo procuro no acumular objetos innecesarios, así que todas las mudanzas las he hecho siempre en mi propio vehículo, sin necesidad de contratar camiones de mudanza ni nada por el estilo. Así que pensé -inocente de mí- que podría con aquella mesa yo sola.

Pero qué va.

Necesité convencer a un amigo para que me ayudara a subirla al coche.

Mi madre y sus regalos, en fin: que a veces son un incordio.

Sin embargo, hace poco me regaló un objeto mucho más liviano y que me resulta muy útil en casa: una lámpara flexo. Es de metal plateado y cabe en cualquier parte, y además de ser muy decorativa, me proporciona una iluminación inmejorable.

Soy mucho de leer en el sofá en las tardes de invierno, bien envuelta y calentita en una manta. Así que me gusta poder orientar el flexo de la lámpara hacia el libro y leer con buena luz.

He pensado incluso que voy a comprarme otra igual para ponerla en el dormitorio, porque a veces también leo en la cama antes de dormirme, y la lámpara del techo no alumbra todo lo que debería.