La tarjeta de descuento en los muebles

ahorro-descuento-cupones-13Yo para algunas cosas desde siempre he sido un adelantado a mi tiempo. Recuerdo que con catorce o tal vez quice años, una gran superficie de venta de ámbito local estuvo en mi Instituto regalando unas tarjetillas de socio de su establecimiento, que ofrecía a sus titulares un descuento en las compras, y a pesar que no tenía un duro, solicité una, pues esperaba que en breve cambiara mi situación financiera, como así fue.

Hoy ese establecimiento ya no existe, pero yo aún conservo su tarjeta de cliente por motivos que ignoro, tal vez sentimentales, pero la sigo conservando. Y también recuerdo que pensé en la posibilidad de la existencia de una tarjeta como la mía, pero que sirviera por igual en todo tipo de establecimientos, que me hicieran un descuento simplemente por tenerla. Fue uno (uno más) de mis sueños de adolescente con poco dinero y mucha imaginación.

Han pasado los años y aquella tarjeta que yo imaginé ya existe, se llama más por menos, y hace lo que yo soñé que haría: conseguirte descuentos en todo tipo de establecimientos, por el simple hecho de tenerla. La única diferencia es que es de pago, y la que yo imaginé era gratuita, aunque ha transcurrido tanto tiempo, que en mi sueño no alcanzo a recordar si tuve que pagar algo por ella, aunque tratándose de sueños, probablemente la pagara con algún recuerdo, que es la moneda oficial de mis sueños. Si, soy raro hasta para soñar.

¿Un descuento al comprar los muebles? Claro que si, señor. ¿Tiene la tarjeta disfruta más por menos? Pues ahora es el momento ideal para hacerse la suya, que creo que el primer mes es gratis, con lo que ya desde el primer día estás ganando dinero. Y te llevas por supuesto los muebles, con un descuentazo de los que hacen historia, aunque yo lo que hago es gastarme ese descuento en comprar más accesorios, como por ejemplo lámparas.

Ya puestos…

Las mil y una ventajas del parquet

El mejor suelo sin dudarlo, es el de parquet
El parquet es ideal para decorar

Mi tía Inés me contagió la pasión por las casitas de madera. Siempre me fascinaron. Cuando la visitaba en su villa del pueblo, me pasaba horas contemplando su colección de casas, llenas de miniaturas y de los más espectaculares detalles.

Y es por eso y no por otra cosa, por lo que me aficioné desde muy joven a los muebles y la decoración.

Con diez años, ya le decía a los mayores que, de adulta, quería ser decoradora. Respuesta que fascinaba a casi todos, porque en boca de una chiquilla, resultaba al menos extraña.

También debo reconocer que mi madre tenía la costumbre de comprar todas las revistas sobre hogar y decoración que caían en sus manos, y gracias a ellas, me interesé aún más por el tema y aprendí montones de cosas.

Por circunstancias imprevistas de la vida, acabé estudiando derecho y hoy día soy abogada penalista y no me dedico a nada parecido a lo que hace un decorador. Sin embargo, la afición no la he perdido y son muchos los amigos y familiares que acuden a mí cuando compran sus casas y no saben cómo afrontar esas cuestiones.

Yo, por mi parte, viví hasta los veintiún años en casa de mis padres.

Después, pasé casi diez años viviendo de alquiler en distintos puntos de mi ciudad, lo que me permitió conocer a fondo varios de sus interesantes barrios.

Dos de las cosas que me prometía a mí misma cuando me comprara una casa, es que tendría una pequeña piscina y un jardín, y que los suelos serían de parquet.

No entiendo  a la gente que se empeña en poner la clásica solería en el suelo, pudiendo instalar parquet.

En mis casas de alquiler, sufrí lo indecible con las dichosas baldosas. O eran directamente muy feas, o se manchaban con cualquier producto o no había forma de dejarlas brillantes. Por mucho que fregara, el suelo parecía estar sucio.

Quizá sea una manía mía, pero no estoy contenta hasta que veo los pasillos y las habitaciones completamente relucientes.

Además, el parquet es mucho más cálido y acogedor, y las habitaciones resultan más agradables. No tiene ni punta de comparación.

Hoy día, se puede instalar un suelo sintético que imita a la madera a las mil perfecciones. Por si fuera poco es un producto muy duradero y con mucha resistencia, de modo que no importa que tu casa esté muy concurrida o que tengas hijos o animales traviesos.

Sólo tocar este tipo de materiales, ya es mucho más agradable que estar en contacto con los fríos suelos de solería tradicionales.

Cuando el verano pasado me entregaron por fin las llaves de mi nuevo hogar, lo primero que hice fue buscar una tienda de parquet en Barcelona, para que me instalaran el por mí tan deseado parquet.

Primero pensé en ponerlo sólo en algunas partes de la casa, pero al final me gustó tanto, que acabé por colocarlo en toda.

Dos de las cosas que más me gustan, a parte de su gran resistencia, es lo bien que se limpian y lo perfectos que quedan después, y lo silenciosos que son.

Adoro llegar a casa después de un interminable día de trabajo, quitarme los zapatos y pasear descalza por el parquet.

Es una sensación única.